Colombia apuesta al almacenamiento en su subasta de largo plazo: ¿Cuáles son las condiciones clave?

El nuevo mecanismo incorpora productos diferenciados según tecnologías, extiende los plazos de entrada en operación hasta 2035 y reconoce el rol técnico del almacenamiento como activo central para la confiabilidad del sistema eléctrico. Las reglas buscan corregir errores del pasado y atraer nuevos jugadores al mercado.
febrero 4, 2026
Europe
By Matías Medinilla

By Matías Medinilla

Colombia puso en marcha una nueva subasta a largo plazo que modifica aspectos clave del diseño anterior, con el objetivo de corregir las dificultades que enfrentaron las convocatorias de 2019 y 2021. Entre los principales cambios se destacan la inclusión del almacenamiento como tecnología central, productos adaptados a los perfiles reales de generación y un horizonte de obligaciones extendido hasta 2035, lo que permite mayor bancabilidad y competitividad en los proyectos.

Álvaro Pérez Ramírez, Manager en AFRY, explicó que el nuevo mecanismo introduce mayor flexibilidad para los generadores y un diseño más complejo. La posibilidad de declarar curvas horarias reales, incorporar baterías y ampliar los plazos responde directamente a los cuellos de botella que enfrentaron los desarrollos anteriores, muchos de los cuales no llegaron a operar, principalmente por demoras en licencias, transmisión y cierre financiero.

“En Colombia, construir un proyecto renovable grande toma más tiempo del que se pensaba en las primeras subastas”, señaló Pérez Ramírez, en referencia a que las condiciones anteriores no contemplaban la madurez real del mercado local ni los tiempos regulatorios para la ejecución de obras de gran escala.

En ese sentido, los nuevos plazos permiten alinear los contratos con los ciclos reales de desarrollo, reduciendo el riesgo de penalizaciones y generando mayor confianza para actores internacionales.

Colombia lanza su primera subasta renovable de largo plazo del 2026: ¿Cuáles son sus condiciones?

La experiencia acumulada en los últimos siete años evidenció la necesidad de rediseñar el mecanismo, no solo para garantizar que los proyectos adjudicados se construyan, sino también para permitir una integración más eficiente al sistema.

El esquema anterior, con bloques planos de energía, ofrecía certezas a la demanda pero penalizaba tecnologías como la solar, cuyo perfil no es constante a lo largo del día. Ahora, los productos permiten declarar curvas reales de generación y se introducen opciones específicas como los híbridos solar + baterías, orientados a cubrir la demanda entre las 17:00 y las 21:00, uno de los momentos más críticos del sistema.

Esta diferenciación técnica también considera a los sistemas de almacenamiento como soluciones autónomas. Un proyecto de baterías stand-alone puede desplazar energía desde las horas más baratas hacia los picos de consumo, lo que no solo mejora la confiabilidad sino que también ayuda a reducir emisiones al reemplazar generación fósil en esas franjas horarias.

El nuevo esquema marca un punto de inflexión en el reconocimiento del almacenamiento como activo de confiabilidad del sistema, no solo como respaldo renovable.

Se muestra una clara intención de que el almacenamiento con baterías se convierta en pieza central dentro del mix de generación”, remarcó el especialista de AFRY.

La publicación del decreto CREG 701 103 de 2025, que establece un marco para los Sistemas de Almacenamiento en Baterías (SAEB), fue un paso previo en esa dirección, aunque aún queda trabajo pendiente en términos de operación y servicios complementarios.

Entre los aspectos que aún deben afinarse, destaca la necesidad de una regulación clara sobre cómo despachar, valorar las desviaciones e integrar los sistemas de almacenamiento al mercado de servicios auxiliares. A esto se suma la persistente problemática en la ejecución de obras de transmisión, que sigue siendo uno de los principales riesgos estructurales del sector. Si estas infraestructuras no avanzan a tiempo, los proyectos podrían volver a quedar sin conexión, como ya ocurrió en ciclos anteriores.

En cuanto a las señales de precio, uno de los puntos técnicos más finos del diseño, Pérez Ramírez advirtió que los techos deben ser lo suficientemente flexibles como para permitir el ingreso de tecnologías como el almacenamiento.

Las baterías operan por arbitraje, cargando energía en momentos de bajo precio y entregándola en las horas más caras del día, que coinciden con las de mayor tensión para el sistema; por lo que limitar artificialmente los precios de esas horas podría neutralizar el incentivo económico de estas tecnologías y restringir su desarrollo.

A esto se suma un punto ineludible para garantizar la continuidad de la inversión: la estabilidad institucional. Sin reglas claras y sostenidas en el tiempo, incluso los mejores mecanismos pierden tracción.

“Si las reglas cambian cada pocos años, la inversión se retrae”, advirtió el ejecutivo.

La nueva subasta colombiana representa así un intento de aprendizaje institucional que busca consolidar un ecosistema de contratación eléctrica más robusto, previsible y alineado con los desafíos técnicos de la transición energética. Queda ahora por verse cómo responde el mercado ante esta mayor complejidad de productos y condiciones, y si la demanda mostrará el apetito necesario para acompañar la transformación.

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