La Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) presentó su informe Panorama Energético de América Latina y el Caribe 2025, la publicación anual que compila las estadísticas oficiales del sector en los 27 países miembros y analiza las tendencias que marcarán la transición energética regional en las próximas décadas.
Entre los principales focos del documento, el almacenamiento energético emerge como un eje clave para garantizar flexibilidad, confiabilidad y expansión de las fuentes renovables.
Actualmente, la región cuenta con 1,7 GW de capacidad instalada en baterías, pero OLACDE proyecta que ese número podría crecer a 24 GW en 2030 y 46 GW en 2035. Esto requerirá inversiones por 24000 millones y 46000 millones de dólares, respectivamente, considerando un costo promedio de 250 USD/kWh, aunque los costos siguen cayendo con rapidez.
En este escenario, Chile lidera el desarrollo regional, dado que cuenta hoy con 1,4 GW instalados y tiene en curso un ambicioso pipeline que le permitiría alcanzar 8 GW en 2030, incluyendo 900 MW en pruebas, 3,7 GW en construcción y 2 GW en proceso de licenciamiento.
Mientras que Argentina y Honduras también avanzan: el primero adjudicó una licitación competitiva por 713 MW (la convocatoria apuntaba a 500 MW). y el segundo hizo lo propio con 75 MW recientemente.
Desde la organización destacaron que el almacenamiento no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para lograr una matriz eléctrica más robusta y adaptable.
“Los sistemas de almacenamiento no constituyen un objetivo, sino un mecanismo para alcanzar mayor seguridad y flexibilidad”, sostuvo Fitzgerald Cantero Piali, director de Estudios, Proyectos e Información del organismo.
Proyecciones renovables al 2025 y 2050
El informe señala que la capacidad de generación renovable en 2025 aumentó un 7% respecto a 2024, y que el 68% de la nueva capacidad instalada ese año fue renovable, con la solar y eólica representando el 61% de ese total.
La generación con estas dos tecnologías creció un 19%. ALC alcanza así un 67% de electricidad generada con fuentes limpias, consolidando su posición global como una de las regiones con mayor índice de renovabilidad.
Al mismo tiempo, el consumo final de electricidad creció un 3,7% y el consumo per cápita un 2,6%, marcando una tendencia de crecimiento sostenido. Este avance estuvo acompañado por una mayor participación del gas natural, cuya generación se incrementó en 12% interanual, consolidándose como energía de respaldo en el proceso de descarbonización.
En sentido opuesto, la generación eléctrica con carbón se redujo un 21% y con petróleo un 31%, lo que confirma un cambio estructural en la matriz regional.
Hacia 2050, bajo un escenario de descarbonización acelerada (NET-0), la región deberá triplicar su capacidad de generación eléctrica, incorporando 1.000 GW adicionales, de los cuales el 90% será renovable. Se prevé además la necesidad de 80 GW en bancos de baterías, con una inversión estimada total de 1.500 billones de dólares.
El índice de renovabilidad del consumo final pasará del 31% actual al 48%. En la generación eléctrica, se estima que el 76% será renovable en 2050, con el 37% proveniente de solar y eólica, mientras que el gas natural aportará el 22% y el carbón apenas el 1%.
La oferta total de energía también reflejará este cambio: el gas natural crecerá del 26% al 34% y las renovables no convencionales del 5% al 14%.
En paralelo, el hidrógeno verde demandará el 12% de la electricidad generada en 2050, y los data centers consumirán el 10% del total eléctrico regional, representando el 40% del consumo eléctrico del sector comercial y de servicios.
Tatiana Castillo, asesora de OLACDE, aseguró que los países de la región están reformando sus marcos normativos desde cero, con nuevas leyes específicas para renovables, almacenamiento, hidrógeno, geotermia y minerales críticos.
“Por primera vez vemos una maduración en el marco regulatorio de la transición”, indicó.
La transición, no obstante, enfrenta obstáculos. Desde la organización identificaron vacíos regulatorios, desafíos de financiamiento, falta de personal técnico calificado y riesgos ambientales como principales barreras. Aun así, el consenso técnico apunta a una visión clara: sin almacenamiento, la expansión renovable no será posible.
“La transición energética debe ser una política de Estado y no solo del sector energético”, concluyó Cantero Piali. Con esa premisa, el Panorama Energético ALC 2025 se consolida como un instrumento clave para guiar decisiones de inversión pública y privada en las próximas décadas.














